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TRATANDO LA INFORMACIÓN

Para entender lo poco de interés que pueda tener mi labor es casi obligado empezar por aquí, aunque con voluntad de no extenderme más allá de lo estrictamente necesario.

Mi trabajo, como tantos otros, requiere una mirada distanciada y desapasionada. Esa mirada de conjunto que evita, como bien dice el proverbio, que los árboles nos impidan ver el bosque. Es cierto que los mercados financieros han sido muy estudiados desde distintas ramas científicas, empezando por la economía, la estadística o la matemática pura. Pero he comprobado que, por el momento, los intentos de describir los mercados financieros desde los principios de la Teoría de la Información son muy escasos, y por ahí me encaminé.

bazarPara simplificarlo, yo veo el mercado como un enorme sistema de intercambio de información. Pero el volumen de información intercambiada a cada instante es de tal magnitud que es prácticamente imposible procesarlo; casi resulta imposible distinguir ruido de señal.

La complejidad del sistema es tal que es muy difícil identificar y reconocer cada proceso aisladamente para poder aislarlo y estudiarlo o, simplemente, identificar las fuentes fiables y separarlas de las que no lo son.

Pongamos mejor un ejemplo práctico. Desde ese punto de vista, sería como pasear por un gran bazar repleto de gente ya que, en el fondo, los mercados financieros del siglo XXI no dejan de ser una forma evolucionada de un típico mercado donde compradores y vendedores se encuentran y negocian, aunque ahora sea digital y remotamente.

Desde el punto de vista de la Teoría de la Información, puedes captar alguna que otra frase entrecortada aquí y allá entre el tremendo ruido de la multitud y del propio bazar. Aunque todas las conversaciones que en él se producen sean, una por una, coherentes, seguramente no tiene mucho sentido preguntarse de qué habla el mercado en cada momento.

De las conversaciones parciales que captamos a nuestro paso, puede que lleguemos a comprender el sentido de alguna, que nos equivoquemos en la interpretación de la mayoría, o que entendamos justo lo contrario a lo que se está diciendo en otras. Eso es un problema derivado de la información fragmentada o incompleta. Además, es muy difícil saber de entre todas esas conversaciones entrecortadas, quién miente y quién dice verdad.

Pero, cuando nosotros mismos establecemos conversación con un comerciante, podemos llegar a establecer un negocio. Y, si hemos sido hábiles, ya sabremos de antemano a qué precio se está negociando esa mercancía que nos interesa en otros puntos del bazar. Así, dentro del jolgorio, del ruido y del supuesto caos de un mercado aparentemente no coherente, podemos obtener la información estrictamente necesaria para realizar un buen negocio: el nuestro.

Así manejamos la Teoría de la Información en nuestra vida cotidiana: sin pensar en ella y sin conocer sus estrictas reglas. Distinguimos señal de ruido, extraemos conclusiones de informaciones fragmentadas y separamos fuentes fiables de las que no lo son. Tratamos y procesamos toda esa la información intuitivamente. Es así de fácil y así de difícil.

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