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Sobre La Baja Productividad y Otras Majaderías De Salón

He estado un mes en prudente silencio, pero ello no quita que no leyese ni que me muriera de ganas de salir a la palestra para contestar algunas cosas que leo repetidamente, como mantras incontestables. Completas majaderías pero que, a fuerza de ser repetidas con voz engolada desde tarimas, acaban pasando por verdades incontestables.

Por mi trabajo me toca observar la economía desde un punto de vista que ni analistas, ni economistas, ni burócratas tienen la oportunidad. Yo visito empresas. Bastantes y a menudo. No las miro a través de sus números ni balances desde el último piso de algún edificio muy muy alto. Las visito y las veo por dentro.

A todos aquellos que hablan y pontifican sobre la baja productividad de los hispanos currantes les diría que, como en botica, de todo hay, y de holgazanes, a puñados. Pero de esforzados y competentes, también. Los más. En lo que debémos encabezar el ranking mundial es en desmotivación y demolición de buenos empleados, pero eso me lo dejo para otro día.

Muchos hablan de baja productividad, pero no oigo a nadie comentar las otras razones también apreciables por cualquiera que viva en lo que yo describo como “la economía real“, o sea, que recorra empresas con los ojos abiertos.

Por ejemplo, no oigo comentar a ningún especialista como es difícil equipararnos a la productividad germana si nos dedicamos a comprar de segunda mano maquinaria obsoleta [muchas veces la suya, cuando ellos la mejoran]. No oigo comentar como es difícil implementar soluciones avanzadas TI cuando cualquier empleado lleva en su bolsillo más capacidad de proceso que en los equipos con los que trabajan, que sólo se sustituyen cuando dejan de funcionar de puro viejos. Les aseguro que lo normal es encontrar hardware y software de hace 10 o más años donde teóricamante deberían implementarse soluciones rompedoras. A nadie escucho hablar en serio de inversión en I+D, ni de reestructuración de procesos más allá que las delegaciones de multinacionales impelidas a hacerlo a empellones [y a disgusto] por la central.

Y digo yo, que soy un palurdo como mi abuelo, ¿no habría que poner medios equiparables para poder equiparar resultados? La industria alemana se ha nutrido de trabajadores alemanes, pero también de españoles, y más recientemente de, turcos. ¿Es cosa del clima o quizás de medios y métodos?

A día de hoy [y tras una larga agonía], la empresa privada sobrevive con la mitad de departamentos y la mitad de agobiados empleados en cada uno de ellos, pero con idénticos recursos que hace cinco o diez años años.

Para que luego venga un engominado de cuello blanco que sólo conoce la realidad por estadísticas y gráficos y les insulte diciendo que son poco productivos. ¡Más respeto, majaderos! Y, de paso, ¡más inversión! ¡O a contar ustedes con ábaco, a ver si les salen las cuentas!

Parafraseando a algún presidente americano: “¡Es la productividad, imbécil!

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