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La Media Entre un Hummer y un Ferrari

Releyendo mi último post [y los comentarios posteriores, que os agradezco sinceramente] me parece obligado aclarar y justificar algo más mis opiniones pues, según cómo éstas sean leídas, se pueden prestar al equívoco.

Por su puesto [cómo podría ser de otra manera] soy de aquellos que están por más rigurosidad matemática y estadística que por menos. Recuerdo [aunque no haga mucha falta] que el único mérito que puedo reclamar en este campo es el de haber diseñado y compartido algunas herramientas de trading [herramientas matemáticas, al fin] que, en algún punto, quizás puedan haber aportado alguna novedad o mejora sobre lo ya existente.

Precisamente, ya hace un tiempo dediqué una serie de entradas a mostrar algunas formas bastante groseras [pero habituales] de manipulación de aquellos que pretendían presentar sistemas de especulación mediocres como excelentes, precisamente saltándose las verificaciones matemáticas generalistas pertinentes [ Maquillaje para Sistemas: Trampas y Trucos Desvelados ]

Así, lamentaría que mi anterior post [ La Trituradora de Sistemas ] fuese entendido como una crítica a la utilización de los métodos matemáticos y estadísticos, porque no lo es. Lo que allí criticaba [y hoy voy a seguir haciendo] es la FORMA en que esos métodos son utilizados, formas que entiendo discutibles o no apropiadas en algunos casos.

Todos sabemos por propia experiencia que los datos matemáticos son un recurso habitual para explicar, demostrar o justificar ideas o productos. Los datos son los que son, pero estamos cansados de ver que los mismos datos, según cómo sean obtenidos pueden variar muy sustancialmente; y, según como sean interpretados, pueden acabar demostrando [teóricamente] cualquier cosa y su contraria.

Cuando uno se dedica al análisis de la información, este tipo de cosas le producen fuertes urticarias. Pero sólo pretendo aclarar un punto más una objeción a un método de validación de sistemas de trading actualmente considerado estándar y, en mi juicio, errado por excesivamente genérico.

La utilización de la estadística para demostrar un argumento es una práctica loable y razonable. Pero, sólo si esa formulación es adecuada, ponderada y razonable. Si no, acabaremos dando la razón a Mark Twain cuando proclamaba que “hay tres clases de mentiras: las mentiras, las malditas mentiras y las estadísticas”.

Desgraciadamente las estadísticas han servido, todavía sirven y me temo que seguirán sirviendo para justificar auténticas salvajadas. Y, todavía peor, para que, basándose en ellas, se soporten las más barrocas opiniones.

En un alarde de sinceridad, Sir Winston Churchill escribió que “sólo me fío de las estadísticas que yo he manipulado”. Así que, llegados a este punto, el tema no está en la estadística, sino en su correcta aplicación y en la ajustada interpretación de sus datos. Materia, como poco, difícil. Vuelvo al enunciado principal: método estadístico, SÍ; pero el cómo y el sobre qué, es importante.

Por descontado, lo primero es la muestra. Esa muestra debe ser amplia y representativa. En eso estamos todos de acuerdo.

Podríamos empezar por el famoso caso del “pollo” estadístico. Si usted se come un pollo entero y yo ninguno, estadísticamente hemos comido medio pollo cada uno. Claro, es una exageración, pero es una de las formas más habituales de manipulación. Pondré otros ejemplos que me gustan más.

Explicaba el otro día, con un ejemplo que tuvo cierto éxito, que un frasco de esencia entre 50 de estiercol, estadíticamente apesta. No mencioné, sin embargo, el ejemplo contrario, que no es menos cierto. Si ponemos bajo una campana de cristal una docena de muestras de quesos deliciosos y uno de ellos es un Roquefort [o un Cabrales], cuando levantemos la tapa, ese aroma predominará sobre todos los demás. No seremos capaces de apreciar ningún otro. Estadísticamente apestarán todos, aunque sólo lo haga realmente uno.

Y un nuevo ejemplo, también parte del problema: Tres hombres vuelven en un tren de un congreso de agricultores. En el mismo les insistían en la valoración objetiva de su productividad. Iban todos ellos calculando el rendimiento en unidades producida por cada uno de sus árboles frutales en aquel mes. Para el primero, apenas era de 4 unidades por árbol, para el segundo de 100 y para el tercero de 1.000.

Seguramente ya habrá descubierto el error [de lo único que me precio es de la perspicacia de mis lectores :-) ]. Por supuesto, todos eran “árboles frutales” y todo eran “frutos”, pero el uno tenía naranjas [frutos de invierno y fuera de temporada] el otro manzanos, y el tercero, cerezos.

La estadística era matemáticamente correcta, pero estaba mal aplicada porque comparaba cosas no comparables.

Un poco de cada una de ellas hay en mi objeción: ¿deberían ser los sistemas diseñados específicamente para un mercado, para un determinado tipo de valor, para una temporalidad concreta, juzgados con una herramienta genérica e inespecífica? ¿Los hemos de tratar a todos como “frutos” o deberíamos ser más específicos?

Conozco la objeción de la denominada “sobreoptimización”. Hay mucho que hablar técnicamente sobre ello, pero quizás otro día. Pero ahora me sirve seguir explicándome con otro ejemplo básico con modelos de autos.

¿Cabría someter a la misma batería de pruebas a un Ferrari F430 y a un Hummer H3? Poder, podríamos, pero ¿a qué conclusiones acabaríamos llegando?

Ciertamente aceptaría que ambos son ejemplos de “sobreoptimización” de un determinado tipo de auto. Pero, en ambos casos, con aplicaciones muy distintas y diseños muy ajustados a esos usos extremos y casi opuestos.

El problema es cuando trazamos la media entre ambos. Ni el Hummer será lo suficientemente rápido y ágil, ni el Ferrari será apto para salir del lodo por sí mismo. Por una u otras razones, ambos vehículos “sobreoptimizados” serán estadísticamente declarados como malos vehículos medios.

Espero haber aclarado ahora más mi objeción sobre lo que yo llamo “Trituradoras de Sistemas” y, por qué las he abandonado. Trabajo en un sentido más dirigido a sistemas específicos y con cierta capacidad de auto-ajuste [esto es lo más difícil] en activos y temporalidades concretas. Afortunada o desgraciadamente, soy un disidente intelectual permanente. :-)

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4 responses to “La Media Entre un Hummer y un Ferrari

  1. HOla, Blai:

    La verdad es que es una auténtica pena que nos caigamos tan mal el uno al otro, porque me interesan mucho muchas cosas de las que comentas. La verdad, sinceramente, es que en este mundo de la bolsa creo que eres el segundo tipo que peor que me cae.El primero es otro
    Háblame algo sobre sobreoptimización, si consigues superar la urticaria que te produce que me dirija a ti.

    SAludos.

    Fiborg

  2. Mira, el camino que ando ahora lo inicié a partir de tus artículos sobre las medias (Shedu creo que los llamabas). ¿que te parece? La verdad es que es una jodienda que alguien que me cae tan mal como tú haya marcado mi trayectoria bolsística, jejejejejej.
    ¿Que le vamos a hacer?

  3. Hola, Fiborg.
    Lamento caerte tan mal. Lo creas o no, no te tengo en mala consideración, al contrario de lo que tú declaras. Pero, para gustos, colores.

    Tus formas son las que son, y lo han sido desde que te pusiste en contacto conmigo por primera vez. Hay quien pide las cosas por favor y tú lo haces como en la muestra anterior. En mi caso, que hago esto por gusto, que no soy profesional del tema ni tengo que mantener clientes, prefiero el estilo educado habitual de pedir las cosas por favor. Serán manías, seré raro o seré antiguo, pero es lo que hay. Y si eso me pone en tan mal lugar en tu consideración, lo siento.

    De cualquier forma, me alegra que algunas de las cosas que se me ocurren y comparto te hayan servido; con esa idea las comparto.

  4. En mi opinión tienes toda la razón. No he visto ningún sistema que funcione bien en todos los valores y en todas las situaciones. Unos van bien cuando hay tendencia y otros en periodos laterales. La solución que mejor resultado da es hacer una cartera con varios sistemas para que la curva de beneficios sea lo mas estable posible. Un saludo crack.

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