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EL LADO FÁCIL DEL RELOJ

relojUna de las primeras cosas que nos enseñan en la escuela es a manejarnos con un reloj. Desde muy pequeños jugamos a dar vueltas a las manecillas y aprendemos horas y cuartos junto a las primeras letras. Así que, si somos capaces de asimilarlo desde tan pequeños, tampoco debe ser muy difícil.

Pero, el reloj tiene dos lados. Por el uno están las manecillas, pero por el otro encontramos una maquinaria tan sofisticada y compleja que su comprensión está sólo al alcance de unos pocos especialistas que dedican largos años a entender el cometido de cada una de sus ruedas y engranajes. Excepto en el caso de que nos convirtamos en auténticos relojeros profesionales, esa parte del reloj seguramente jamás la entenderemos, ni de niños ni de adultos.

Afortunadamente, para nuestro día a día nos basta con dos cosas: saber leer la hora [cosa que aprendemos todos] y darnos cuenta cuando nuestro reloj falla, momento en que hay que llevarlo un relojero, que es el experto. Con eso, nos sobra.

A mí, para operar en Bolsa, considero que me basta con saber leer la hora del Mercado. Saber cuando es pronto, cuando es tarde y cuando es el momento. Como uno cualquiera de esos millones de pequeños ahorradores convertidos en inversores, veo en ella un medio para rentabilizar mis ahorros y hacerlos crecer. Es para mí una forma de aliviar algo el peso de mi hipoteca, un atajo para disponer de un mejor coche o de disfrutar con mi familia de un bonito viaje. Nada más.

Sirva este simple ejemplo para justificar todo este esfuerzo en forma de blog. La Red y la blogosfera está repleta de buenos blogs de Bolsa. ¿Por qué, entonces, otro más? Y, ¿por qué precisamente éste? La razón es que la mayor parte de los blogs están escritos por expertos y analistas financieros, cosa que yo no soy, ni pretendo. Yo sólo puedo ayudar algo en saber cómo sacar mejor partido a las herramientas informáticas que están en nuestra mano. Saber utilizar correctamente los gráficos, unos gramos de cálculo de riesgo y algún truco sobre estimación de probabilidades. Poco, más.

Pero igual resulta que sólo con eso conseguimos sobrevivir entre tanto tiburón que hay en el mercado, robandoles [de tanto en tanto] algunas migajas de su suculento manjar.

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