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CRISIS DE CONFIANZA

Como conclusión a los post anteriores, me parece necesario acabar con éste, casi a modo de máxima:

En los Mercados el único activo que cotiza es la confianza

No se trata de presentar unos buenos números cada trimestre, ni una progresión estimable, ni buenas perspectivas de futuro, ni agresivas campañas de imagen. Al final sólo cotiza la confianza. Si no puedo creer en los números de una sociedad, si tengo cualquier duda que sus cuentas públicas no reflejan estrictamente la realidad, no confío. Observen los puntos de caída y sabrán exactamente cuánto menos confiamos en cada empresa y sector que hace unos meses. Más que de dinero es, básicamente, un tema de confianza con repercusiones económicas directas. Por eso parece que la Bolsa toque su propia melodía, al margen de la actualidad política o económica.

Esta es una crisis de confianza propiciada por unos y encubierta por otros. Un suculento negocio a corto para algunos que ha acabado siendo un desastre para la mayoría, incluido el propio sistema con su entramado de encubridores.

Quizás no lo parezca, pero una vez más estoy hablando de Teoría de la Información y su aplicación a los Mercados. Lo voy a sintetizar en tres ideas básicas:

  1. La conclusión técnica real [según la Teoría de la Información] es que los inversores han descubierto que sus fuentes estaban contaminadas y que han estado manejando datos erroneos. Están en crisis de confianza hacia sus fuentes
  2. Sin fuentes fiables, aunque se procesen correctamente los datos disponibles, no está garantizado un resultado apropiado
  3. Aunque el proceso sea correcto, el resultado puede no serlo. Así entramos en crisis de confianza no sólo de nuestros resultados sino, incluso, de nuestro propio proceso [o sistema]. 

Pero, como explicábamos en “Muertos pero con excelente salud“, se trata de un problema estructural, porque las partes nunca deberían ser consideradas fuentes fiables. 

Pero no es menos cierto que es económicamente más rentable dejar así este entramado, con las propias corporaciones facilitando sus cifras, auditores que auditan a sus clientes, bancos de inversión que son al mismo tiempo jueces y parte, y medios de comunicación no siempre económicamente tan independientes como se proclaman.

En resumen y según los principios del tratamiento científico de la información, todo este sofisticado entramado de cuello blanco y corbata de seda es más burdo de lo que aparenta. Un castillo de naipes de información que, de cuando en cuando, está obligado a desmoronarse pues, como sabemos desde hace tiempo, no hay Ley más severa, estricta e inviolable que la de la Gravedad.

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