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Las Preferentes de Telefónica Huelen a Tiburón

Mi padre contrató unas Preferentes de Telefónica, allá por el 2002. Le pareció un buen producto para poner algunos ahorros y, en aquel momento, seguro que a mí también me lo hubiera parecido. De hecho, hasta hace apenas un año, cuando explotó el “caso Preferentes” seguramente nos lo hubiese parecido [como así pasó] a casi todos.

Bien, ahí estaban [y están todavía], rentando trimestralmente su 4 y pico por ciento, pagado trimestralmente.

Hace unos días, mi hermana recibió la llamada del director de la oficina. Quería hablar sobre este tema concreto. Sorprendida y un poco asustada, me llama. ¿Me puedes acompañar? ¡Pues claro!, le contesto.

Me informo un poco a ver si intuyo de qué se puede tratar y afortunadamente encuentro algunas respuestas en un artículo excelente de Cinco Días que, en resumen explica que, a final de este 2012 Telefónica debe decidir entre rescatar y devolver el capital íntegro a los ahorradores [10.000 € por preferente] o, por una clausula de penalización incluida, deberá aumentar el dividendo hasta más allá del 5%, en la sitiación actual. Puede rescatar o puede que no, según le convenga, pero una de ambas cosas será la que suceda: o rescate o aumento del interés. Sabido esto, acudimos a la reunión.

El joven director nos recibe y nos conduce a su despacho. La conversación discurre por los amables cauces de costumbre hasta que entramos en el tema y nos hace una exposición, que resumo en lo que más me llama la atención.

Nos explica correctamente el producto y también lo que puede suceder a final de año. Ambas alternativas. Luego muta el semblante y le echa toda la culpa al regulador del problema de las preferentes, haciendo entender que ellos no tenían ningún problema en colocar esos productos entre sus clientes cuando alguno quería recuperar su capital, [cosa que sabemos es radicalmente falsa, pero bueno].

Ahora, nos explica, las preferentes han de cotizar libremente en un mercado creado ad hoc y [siempre por culpa del perverso regulador] resulta que hemos perdido más del 30% del capital [nos dice].

Supongo que esperaba llantos y expresiones de dolor, que no se produjeron. Afortunadamente, no necesitamos ese capital de forma inmediata y ambos entendimos desde el primer momento que esa pérdida solo se podía producir si vendíamos ahora y a mercado.

Ante nuestra pasividad, el amable director nos traduce el tanto por ciento en euros efectivos. Tantos miles perdidos, por lo que ahora el capital sería de xxxx euros. Nuevamente pasividad por nuestra parte, que no era más que un esperar expectante de un “a dónde quieres ir a parar”.

Como no hay la respuesta ansiosa esperada, llega a la conclusión: por supuesto su consejo es que no vendamos y menos a estos precios [¿alguien a parte de él mismo había mencionado esa posibilidad?] y que si necesitamos liquidez su entidad nos hace una generosa oferta: nos presta el capital que necesitemos a cambio de los mismos intereses que se están cobrando. [No reproduzco lo que pienso en ese momento, porque resultaría muy grosero].

En ese punto, pido la palabra y recapitulo. Vuelvo a exponer la situación, para verificar que la he entendido bien. Somos tenedores de unas preferentes [cosa que ya sabemos que no es lo mejor, pero bueno...] que, después de nueve años y medio y dentro de unos pocos meses pueden ser: a) rescatadas con la recuperación del 100% del capital, o b) no rescatadas, pasando a incrementar el interés recibido de más del 4 a más del 5%.

Confirmo que [hablamos de TEF] no se ven posibilidades de quiebra de la empresa ni siquiera de entrada en pérdidas. Y, en ese punto se están negociando a un 60% de su nominal. ¿Es así? Me confirma los extremos.

Eso quiere decir –sigo yo con mis conclusiones- que si compro una de esas preferentes en el mercado, pagaría hoy sobre unos 6.900 € que, o se convertirían en 10.000 al momento en diciembre si TEF rescata, o el equivalente a intereses al 5,5% de 10.000 €, habiendo invertido sólo 6.900 €. ¿Es eso? Pues -le suelto con una mirada feroz- casi lo que me pide el cuerpo en comprar, más que vender. ¿No le parece que sería una buena operación?

El hombre se aturulla un poco y se congratula de nuestra buena posición económica y bla, bla, bla…, si queremos o necesitamos el préstamo, ya conocemos su generosa oferta. [No sé por qué me acuerdo de Fernando Fernán Gómez y sus memorables exabruptos, pero me contengo].

Me han pasado muchas ideas por la cabeza. Me huelo que, como de costumbre, hay muchas cosas que yo no sé porque no son públicas. De eso estoy seguro. Creo que alguien ya sabe lo que va a hacer Alierta, y tratándose de Alierta

Voy a ser beatífico y lo dejaré en que nos quería colar un crédito. Cualquier otra cosa, [dirigida o teledirigida] sería tener MUY mala leche.

Ustedes, queridos lectores, son gente inteligente, así que con lo dicho saquen sus propias conclusiones.

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Música para Traders: Brian Hughes

Si en la última entrega les reconocía mi completa admiración por Pat Metheny, probablemente el más grande músico de jazz de esta generación, hoy les presento a alguien que, en mi modesto juicio y disco a disco, va acumulando méritos para encaramarse permanentemente en el número dos de mi particular ranking. Se trata del mucho menos conocido pero exquisito guitarrista canadiense Brian Hughes.

Hughes tiene algo que sólo alcanzan los más grandes: un sonido propio. Es tanto su Gibson ES-175 como su forma de tocarla, casi acariciando las cuerdas con una destreza de cirujano y una aparente sencillez de movimientos simplemente increible. Y, además está su maravillosa capacidad para componer temas bellísimos. Acompañante habitual de Loreena McKennit, poco a poco se va haciendo justicia a su enorme talento como instrumentista y compositor.

En fin, que mejor que hable su música que yo. Dos temas, uno para escuchar y el otro para apreciar su técnica en el escenario. De su último álbum, “Fast Train To A Quiet Place” [2011] el tema que lo abre: “Fast Train“; y, justo debajo, de su DVD “No Reservations Concert” el “Omaha Unbound“, toda una delicia acústica.


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La Causa de Todos los Males

Siempre me ha fascinado la capacidad de los buenos humoristas gráficos [y aquí tenemos algunos geniales] para sintetizar en unos pocos trazos situaciones y verdades que a un filósofo le costaría páginas y más páginas de soliloquio. Les presento a uno de mis preferidos: Dilbert, del genial Scott Adams.

Esta es una de mis preferidas. Imposible decir más en menos espacio. Juzguen ustedes mismos:

El Conocimiento del Problema

En España un millón de empleados andan acongojados [intranquilos, inquietos, alarmados, preocupados, turbados...] ante lo MAL que funcionan las empresas para las que trabajan, y que ellos pueden comprobar en la ineficiencia de sus propios departamentos. Seguramente la mayor parte de esos empleados NO tienen la solución, pero lo que tienen es el CONOCIMIENTO DEL PROBLEMA. Un conocimiento próximo y cotidiano.

Desgraciadamente, en este país y con nuestra cultura empresarial, lo normal es que nadie les pregunte NUNCA por un estúpido y mal entendido principio de autoridad.

Y, ya ven, ahí está una de las puntas del ovillo de la eficacia y del aumento de la productividad.

Para que luego salga algún engominado miembro de la CEOE y los trate [en ofensivo generico] de ineficaces o de perezosos. ¡Jesús!

Temporalidad, Información e Incertidumbres

Imaginemos una situación de mercado. Imaginemos que nos encontramos en una fase lateral en el corto plazo, dentro de un breve repunte alcista en el medio plazo, dentro de una inequívoca tendencia bajista de largo plazo. ¿Posible? Por supuesto. ¿Difícil de entender? En principio, seguramente no mucho.

Digamos que, en barras de 30 minutos, transitamos por un par de sesiones laterales, que veníamos, quizás, de algunas jornadas consecutivas de subidas, pero no era más que un repunte, porque llevábamos varias semanas [o meses] de bajadas. Lo dicho, nada que no sepamos mentalmente manejar con fluidez.

Sin embargo, me sorprende sobremanera que una de las consultas que [todavía hoy] me siguen formulado más repetidamente es: ¿por qué, en distintas temporalidades, los mismos indicadores dan diferentes lecturas y señales? Curioso. Podemos manejar esa aparente contradicción con el precio, pero nos sorprende que los indicadores [que generalmente se nutren del precio] también lo reflejen.

Llevo años intentando explicarlo de diferentes formas, imagino que sin mucho éxito, pues la pregunta es como un mantra que se repite. Hoy lo intentaré nuevamente. La explicación es que los indicadores se nutren de datos en series temporales, y a diferentes temporalidades se suceden diferentes conjuntos de datos. Eso se analiza a través de un algoritmo y se representa gráficamente con de una o más líneas. En cada caso, coherentes con el conjunto de datos facilitados.

Del mismo modo que en el ejemplo el precio nos marca diferentes tendencias en distintas temporalidades, los indicadores analizan esa serie de datos y son coherentes con ellas.

Entonces, se preguntará el amable lector, si un indicador [cualquiera de ellos, pues todos se comportan de igual forma] puede indicar [y generalmente indica] cosas diferentes para un mismo activo en distintas temporalidades, ¿a cuál de ellas debo hacer caso?

En general, y desde el punto de vista del análisis de la información pura [que es desde el que a mí me toca estudiarlo], existe una relación señal/ruido inversa. Así, a cortas temporalidades, el ruido es máximo y la señal mínima. Cuanto más larga sea la temporalidad a estudio, mayor es la proporción de señal y menor la de ruido.

La forma en que la señal aumenta es fácilmente cuantificable. Una vela de 5 minutos contiene cinco veces más información que una de un minuto. Una vela de 30 minutos, contiene 6 veces más información que una de 5’ y 30 veces más que una de 1’. Por contra, la proporción de ruido es mucho más difícil de valorar, y es variable pues depende de cada activo, de su volumen, volatilidad y algunos otros elementos que ahora huelgo comentar.

Así, como norma general, tanto en la operativa centrada en el precio como en la que busca el análisis a través de indicadores, mayores temporalidades deberían aportar mayor verosimilitud en cuanto a la cantidad de señal obtenida. [Ergo, las tendencias y señales de más largo plazo acostumbran a ser más fiables].

De todos modos, hay que hacer dos salvedades. La primera es que nos movemos en un mar de probabilidades y que algo sea más probable no quiere decir que el resto de opciones no sean posibles. Todo es posible, aunque algunos escenarios son más probables. En este entorno el ruido y el azar [a veces en forma del muy improbable cisne negro] son casi equivalentes.

La segunda premisa es que ni el análisis a corto, ni a medio, ni a largo plazo nos permite saber exactamente qué ocurrirá con la próxima vela: ni si es de un minuto, ni si es de una semana o de un mes. La próxima vela está por escribirse, es futuro y el futuro es impredecible. Los diversos métodos de análisis nos dan un marco estadístico probable…, para el siguiente grupo de velas, pero no estrictamente para la próxima. Un buen sistema de análisis [un buen indicador, si así lo quieren] hace una previsión de por dónde irán los tiros, pero no le podemos pedir nada más, porque eso ya es bastante.

Por poner un ejemplo fácil, una previsión de buen tiempo para los próximos tres días no puede descartar que, en algún momento y en algún lugar no aparezca una nube en el cielo, ni siquiera que no pueda llover en algún momento. Una previsión de buen tiempo es que, durante los tres próximos días, lo más probable es que la mayor parte del tiempo sea soleado y seco. Todo lo demás está sólo al alcance de fuerzas sobrenaturales…, o de embaucadores.

La Web Vuelve a estar Disponble

Al menos aparentemente, parece que he conseguido nuevamente parchearla y la web www.blai5.net vuelve a estar disponible, con todos sus artículos, códigos y descargas de mis herramientas y abierta a todos los usuarios. A ver cuanto dura…

Espero que, al menos, aguante hasta que tenga tiempo y ganas de reprogramarla y darle un nuevo enfoque y contenidos.

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