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Archivos del mes: abril, 2010

Elegir Entre Felicidad y Euforia

euforia

Hoy vamos a jugar un poco con el sentido de las palabras. Entre el sentido real y el figurado, empezando por el segundo.

1.- Estamos ante un problema de psicología personal, lo sé. Pero creo que tiene también una lectura clara en nuestra actitud ante el trading.

Dicen que toda nuestra vida se orienta hacia la búsqueda de la felicidad. Sin embargo, no hay que confundir la felicidad con la euforia, que podríamos definir libremente como una explosión incontenible de alegría. De hecho, seguramente deberemos acabar escogiendo entre uno de ambos objetivos que, aunque similares, en ocasiones pueden acabar siendo incompatibles.

Poniendo un ejemplo fácil, Euforia sería cuando nuestro equipo marca un gol; Felicidad es cuando gana el campeonato. Desde este punto de vista, la euforia sería un premio menor.

Siguiendo este símil, me gustaría que te preguntaras si tu sistema de trading aspira a la euforia o a la felicidad.

En el primer caso, considerarás cada operación con beneficios como un éxito, y cada cierre con pérdidas, un fracaso. De ahí a abandonar el sistema con la primera serie de pérdidas consecutivas hay sólo un paso, porque la compañera inseparable de la euforia es la frustración. Y, luego, a buscar un nuevo sistema. Y otro. Y otro más…, ad infinitum.

Así acostumbra a ser el trading chicharrero, donde cada céntimo de subida te hace tocar el cielo, pero cada céntimo de bajada te acerca a la archiconocida condición de pillado.

La obtención de una operación con beneficios es euforia; la obtención de un sistema propio fiable y con el que nos sintamos seguros [aun con los lógicos trades perdedores], es felicidad, suave, pausada pero también racional.

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2.- Aprovecho este paso por el concepto de euforia, para dar una vuelta por sus alrededores; o, quizás mejor, por su interior. Si acudimos al diccionario podemos ver que su primera acepción es [al menos para mí] sorprendente e inesperada. Dice:

Euforia:  1.- Capacidad para soportar el dolor y las adversidades.

Pues bien, a la primera acepción del RAE me atengo para proclamar ESE TIPO de euforia como imprescindible para cualquier trader que persiga el éxito. Nuestra capacidad de soportar el dolor y las adversidades [euforia] debe ser siempre óptima.

Importa el Qué. Importa el Cómo.

Hace algún tiempo tuve una larga conversación en sobremesa sobre negocios e inversiones. Uno de mis interlocutores [el más vehemente] sostenía que el único objeto de cualquier operación [y, por extensión, de cualquier negocio] era obtener el máximo beneficio en el mínimo tiempo. Creo que se quedó bastante sorprendido cuando negué a la mayor tal afirmación.

Dedicaré a explicarlo un par párrafos en este humilde blog aunque sólo sea para reivindicar mi resistencia ante ese tipo de pensamiento único económico-empresarial.

Reduciéndolo al absurdo [que es siempre el camino más corto] estar de acuerdo con esa afirmación invita a pensar que, si ese es el único objetivo, el objeto del negocio y los medios para obtenerlo son secundarios. Así, pues, sería comprensible dedicarse a los negocios más lucrativos, que son los que más beneficios reportan en menos tiempo como, por ejemplo, el tráfico de drogas, la prostitución, el robo a gran escala o cualquier otro de ese estilo. ¿Alguien duda que esos son los negocios más lucrativos y, por lo tanto, los que ofrecen mejor relación beneficio/tiempo? Sí, son ilegales. Pero eso es un detalle que [si vuelvo arriba] no había entrado en la primera ecuación.

Si eres de los que descartaría los negocios ilegales, pues bien, estamos de acuerdo y del mismo lado. Ya sabemos que la primera premisa no es absoluta y admite matices.

Cartel UNICEF contra la explotación infantil

Pero lamento que no los hayas descartado también por inmorales. Hay un montón de negocios hoy que, siendo legales, son completamente inmorales. Lamentablemente existe una miriada de empresas que se dedican a negocios inmorales o utilizan medios inmorales para hacer negocios. Y aquí encajaría la explotación infantil, la degradación del medio ambiente, el maltrato a los trabajadores, las actividades contra la salud pública, las relacionadas con el tráfico de armas y un largo etcétera que cada cual sabe dónde empezar y acabar.

En este punto dejaría dos líneas en blanco para que los hábiles y bien pagados portavoces mercenarios [con su moralidad reversible] viniesen a justificar esos atropellos y bajezas simplemente porque quienes las comenten son poderosos y les pagan para disculparlos. Aunque seguro que también tendríamos algún voluntario defensor, esforzándose en demostrar que tiene tan pocos escrúpulos como los que las cometen. Aspirante a secuaz, todo lo más. Postulante a encargado de maquila. Pero no vale la pena porque no me van a convencer.

Les voy a poner un ejemplo real. Algunos ilustres apellidos y fortunas, tanto en España como en Europa [con títulos nobiliarios y prebendas eclesiásticas], se forjaron con el tráfico de esclavos africanos hacia América en los siglos XVIII y, muy especialmente, XIX. Fueron negreros.

Esto no se enseña en nuestras escuelas [no resulta muy patriótico], pero la abolición de la esclavitud en España no se promulgó hasta 1880, ya durante el reinado de Alfonso XII. Hasta entonces la esclavitud no fue formalmente abolida [o sea, declarada ILEGAL] en todo el territorio español, peninsular y de ultramar. Fuimos la última nación europea en abolirla.

Entre 1837 y 1880 los prebostes esclavistas realizaron todo tipo de maniobras obstruccionistas, legales e ilegales, hasta un intento de golpe de estado. Desde el punto de vista economicista “defendían sus legítimos intereses”. Pero sus intereses eran tan INMORALES entonces como ahora. Me sentiría más orgulloso de un tatarabuelo abolicionista que de uno negrero, aunque fuera legal en aquel tiempo. ¿Tú no?

Sí importa el qué. Sí importa el cómo. Y no basta con que algo sea legal para que merezca ser respaldado con nuestro dinero inversor [sea mucho o sea poco]. Los directivos de las empresas se jactan de la subida de sus acciones y consideran eso como un respaldo del Mercado a su buen-mal hacer. Si sus acciones suben es porque alguien las quiere comprar.

Mi alternativa es sencilla. Hay una amplia lista de acciones que no compro porque no me gustan ni esas empresas, ni a qué se dedican, ni sus directivos. Como tengo mucho donde escoger, mi dinero no provocará ni un alza de a céntimo en la cotización de una sola de esas infames empresas. Es mi derecho como inversor y lo ejerzo.

En principio, yo no paso de ahí. Pero si alguien quiere ampliar información, existen los llamados Fondos Éticos y Solidarios, que combinan la posibilidad de que nuestro dinero trabaje pero en sólo a favor de actividades que están de acuerdo con nuestro ideario ético personal. O, al menos, no en contra.

Porque no es lógico que nos pasemos la vida quejándonos de cómo está el mundo y que, al mismo tiempo, pongamos nuestro dinero en manos de quien sabemos seguro que trabajará para empeorararlo.

IBEX: Así Partiremos Mañana [6/5/2010]

Una visión simple, con pocas rallas y sin indicadores.

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