Archivos del mes March, 2008
Publicado por Blai5 - 05/03/08 a las 11:03:09 pm
Son sólo CINCO DATOS B�?SICOS. Y no tenemos mucho más. Puede parecer poco, pero si sabermos utilizarlos, es bastante.
Para empezar necesitamos datos fiables obtenidos de fuentes fiables. Datos inequÃvocamente ciertos. ¿Existe eso en los mercados?
Afortunadamente, sÃ. Absolutamente en todos los mercados y en todos los activos cotizados disponemos de cinco datos públicos, accesibles y en los que existe un completo consenso. En todos los casos y para todos los activos cotizados tenemos un precio de Apertura, un precio de Cierre, un precio Máximo, un precio MÃnimo y un Volumen negociado. Cinco datos.
Seguramente a la mayorÃa les parecerá poco. Realmente no es mucho, sobre todo teniendo en cuenta que la prensa económica llena páginas y más páginas a diario con todo tipo de información económica más allá de estos cinco escuálidos datos. Pero, desde el punto de vista de la TeorÃa de la Información, son datos inequÃvocamente fiables: apertura, cierre, máximo, mÃnimo y volumen. La ventaja que ofrecen estos datos es que son numéricos y, por lo tanto, nos permiten operar con ellos. Es, precisamente en operar sobre todos o algunos de estos cinco datos en lo que se basan los indicadores técnicos.
Espero no haber cansado innecesariamente al lector pues, en este punto, queda ya explicado por qué decidà centrar mis trabajos en investigar los indicadores técnicos. Como ya he comentado en alguna ocasión, los indicadores técnicos existentes son muchos y, por lo general, de un nivel matemático excepcional. Sus fundamentos teóricos han sido firmemente probados y, todos aquellos que ahora podemos incluir junto a nuestros gráficos, son fiables. Asà que, eso nos lleva forzosamente a plantearÃamos dos nuevas preguntas:
- ¿Para qué más indicadores, si ya hay tantos?; y,
- Si son tan buenos, ¿por qué, entonces, no aciertan siempre?
Para empezar, en muchas ocasiones, los usuarios no somos capaces de entenderlos y aplicarlos correctamente. Pero, en el caso de que sà seamos capaces, hay otra explicación. Volvamos a la TeorÃa de la Información. Cuando nos limitamos a trabajar con los cinco datos numéricos básicos de la cotización, lo hacemos convencidos de que son fiables, pero también de que son sólo una pequeña parte de la información total del sistema que rige los mercados.
Esa es la razón por la que no hay ningún indicador técnico infalible. Cada uno de los indicadores técnicos presenta alguna caracterÃstica importante, pero siempre parcial. En los mercados hay flujos de información relevante que todavÃa no somos capaces de incluir en nuestras ecuaciones. Identificarla, muestrearla e incorporarla es un bonito desafÃo. Pero, antes de eso, que es un trabajo muy complejo y que seguramente desbordarÃa mis capacidades, afortunadamente hay algunas posibilidades de mejora en el campo de los indicadores técnicos ya existentes.
Publicado por Blai5 - 04/03/08 a las 09:03:45 pm
Empezaré con unos fragmentos extraídos del weblog Complejidad del físico y catedrático Miguel A. F. Sanjuán, un científico eminente en el campo de los sistemas complejos:
“Tradicionalmente estamos acostumbrados a pensar en ciencia teórica y en ciencia aplicada, sin embargo la teoría de la complejidad está estableciendo una nueva relación entre la ciencia teórica y la aplicada. Esta reflexión, debida al físico israelí Sorin Solomon, profesor de la Hebrew University of Jerusalén, establece que (…) cuando la tecnología actúa sobre la información, la ciencia aplicada consiste frecuentemente en operaciones de tipo abstracto aplicadas a temas de la información de la vida real. De modo que deberíamos acostumbrarnos a la expresión Ciencia Aplicada Teórica“.
Salvando las evidentes distancias, ¿a qué viene esto? Pues, a mi extraordinaria tozudez en mirarme constantemente los mercados financieros con ojos de extraño. De niño, sería mejor decir. En exigirme continuamente el “desaprendizaje” de lo poco que sé para ser capaz de entender lo evidente, que por obvio a veces se nos escapa.
Esta es una experiencia muy menor, pero a la que sigo la pista con la intuición que esconde alguna clave capaz de ser encapsulada en un algoritmo. Se trata del aparentemente caprichoso comportamiento de los gaps de apertura [diferencia en forma de hueco entre el cierre de una sesión y la apertura de la siguiente] en los mercados.
Hace tiempo diseñé una herramienta destinada a identificar el número y fuerza de los gaps de apertura que se han producido en un índice o valor denominada CazaGaps. Gracias a ella pude confirmar que una teórica especulación sobre los gaps de apertura [es decir, tomar una posición al cierre de una sesión y cerrarla a la apertura de la siguiente] es:
Me conformaré con un solo ejemplo en forma de gráfico para que se entienda a lo que me refiero, [aunque podría poner algún ejemplo de comportamiento claramente inverso].

Ahí podemos ver que entre abril y agosto de 2007 el FIBEX tuvo una oscilación de casi 1900 puntos en gaps de apertura en lo que podríamos definir como un lateral bajista (unos mil puntos en cuatro meses) que marca la oscilación máxima del periodo. Por el contrario, la última caída de más de 3.800 puntos en, más o menos, un mes, sólo representó 1300 puntos en gaps de apertura.
Se puede subir con gaps de apertura a la baja, se puede bajar con gaps de apertura alcistas. Todo depende de las circunstancias del momento para que la sesión corrija o amplié la sensación del mercado en apertura. ¿Es posible predecirlo y, por lo tanto, especular con ello? Pues, como cualquier otra circunstancia del mercado, yo creo que es posible establecer situaciones en que exista una probabilidad suficiente para tomar una posición en el mercado con ventaja. En ello sigo trabajando de forma discontinua, pero dando discretos pasitos adelante. Porque NO todo siempre debe ser investigación aplicada. A veces hay que dedicar tiempo a la pura teórica aunque, como se decía al principio de esta entrega, cuando actúa sobre la información misma, los límites se diluyan.
Publicado por Blai5 - 03/03/08 a las 03:03:42 pm
Para entender lo poco de interés que pueda tener mi labor es casi obligado empezar por aquí, aunque con voluntad de no extenderme más allá de lo estrictamente necesario.
Mi trabajo, como tantos otros, requiere una mirada distanciada y desapasionada. Esa mirada de conjunto que evita, como bien dice el proverbio, que los árboles nos impidan ver el bosque. Es cierto que los mercados financieros han sido muy estudiados desde distintas ramas científicas, empezando por la economía, la estadística o la matemática pura. Pero he comprobado que, por el momento, los intentos de describir los mercados financieros desde los principios de la Teoría de la Información son muy escasos, y por ahí me encaminé.
Para simplificarlo, yo veo el mercado como un enorme sistema de intercambio de información. Pero el volumen de información intercambiada a cada instante es de tal magnitud que es prácticamente imposible procesarlo; casi resulta imposible distinguir ruido de señal.
La complejidad del sistema es tal que es muy difícil identificar y reconocer cada proceso aisladamente para poder aislarlo y estudiarlo o, simplemente, identificar las fuentes fiables y separarlas de las que no lo son.
Pongamos mejor un ejemplo práctico. Desde ese punto de vista, sería como pasear por un gran bazar repleto de gente ya que, en el fondo, los mercados financieros del siglo XXI no dejan de ser una forma evolucionada de un típico mercado donde compradores y vendedores se encuentran y negocian, aunque ahora sea digital y remotamente.
Desde el punto de vista de la Teoría de la Información, puedes captar alguna que otra frase entrecortada aquí y allá entre el tremendo ruido de la multitud y del propio bazar. Aunque todas las conversaciones que en él se producen sean, una por una, coherentes, seguramente no tiene mucho sentido preguntarse de qué habla el mercado en cada momento.
De las conversaciones parciales que captamos a nuestro paso, puede que lleguemos a comprender el sentido de alguna, que nos equivoquemos en la interpretación de la mayoría, o que entendamos justo lo contrario a lo que se está diciendo en otras. Eso es un problema derivado de la información fragmentada o incompleta. Además, es muy difícil saber de entre todas esas conversaciones entrecortadas, quién miente y quién dice verdad.
Pero, cuando nosotros mismos establecemos conversación con un comerciante, podemos llegar a establecer un negocio. Y, si hemos sido hábiles, ya sabremos de antemano a qué precio se está negociando esa mercancía que nos interesa en otros puntos del bazar. Así, dentro del jolgorio, del ruido y del supuesto caos de un mercado aparentemente no coherente, podemos obtener la información estrictamente necesaria para realizar un buen negocio: el nuestro.
Así manejamos la Teoría de la Información en nuestra vida cotidiana: sin pensar en ella y sin conocer sus estrictas reglas. Distinguimos señal de ruido, extraemos conclusiones de informaciones fragmentadas y separamos fuentes fiables de las que no lo son. Tratamos y procesamos toda esa la información intuitivamente. Es así de fácil y así de difícil.
Publicado por Blai5 - 02/03/08 a las 07:03:05 pm
Afortunadamente para conducir un coche no es necesario ser ni ingeniero ni mecánico. Basta con saber escoger qué pedal apretar en cada momento y conocer las señales de tráfico. Algo al alcance de la inmensa mayoría. Quien es capaz de conducir un coche, es capaz de operar en Bolsa, pues no es más difícil. Pero es bueno mencionar desde ahora mismo que, tanto en la carretera como en la Bolsa, las imprudencias se pagan. Saltarse las señales, incumplir las normas y excederse en la velocidad, tiene un alto riesgo y generalmente acaba mal en ambos casos.
Publicado por Blai5 - 01/03/08 a las 05:03:50 pm
Una de las primeras cosas que nos enseñan en la escuela es a manejarnos con un reloj. Desde muy pequeños jugamos a dar vueltas a las manecillas y aprendemos horas y cuartos junto a las primeras letras. Así que, si somos capaces de asimilarlo desde tan pequeños, tampoco debe ser muy difícil.
Pero, el reloj tiene dos lados. Por el uno están las manecillas, pero por el otro encontramos una maquinaria tan sofisticada y compleja que su comprensión está sólo al alcance de unos pocos especialistas que dedican largos años a entender el cometido de cada una de sus ruedas y engranajes. Excepto en el caso de que nos convirtamos en auténticos relojeros profesionales, esa parte del reloj seguramente jamás la entenderemos, ni de niños ni de adultos.
Afortunadamente, para nuestro día a día nos basta con dos cosas: saber leer la hora [cosa que aprendemos todos] y darnos cuenta cuando nuestro reloj falla, momento en que hay que llevarlo un relojero, que es el experto. Con eso, nos sobra.
A mí, para operar en Bolsa, considero que me basta con saber leer la hora del Mercado. Saber cuando es pronto, cuando es tarde y cuando es el momento. Como uno cualquiera de esos millones de pequeños ahorradores convertidos en inversores, veo en ella un medio para rentabilizar mis ahorros y hacerlos crecer. Es para mí una forma de aliviar algo el peso de mi hipoteca, un atajo para disponer de un mejor coche o de disfrutar con mi familia de un bonito viaje. Nada más.
Sirva este simple ejemplo para justificar todo este esfuerzo en forma de blog. La Red y la blogosfera está repleta de buenos blogs de Bolsa. ¿Por qué, entonces, otro más? Y, ¿por qué precisamente éste? La razón es que la mayor parte de los blogs están escritos por expertos y analistas financieros, cosa que yo no soy, ni pretendo. Yo sólo puedo ayudar algo en saber cómo sacar mejor partido a las herramientas informáticas que están en nuestra mano. Saber utilizar correctamente los gráficos, unos gramos de cálculo de riesgo y algún truco sobre estimación de probabilidades. Poco, más.
Pero igual resulta que sólo con eso conseguimos sobrevivir entre tanto tiburón que hay en el mercado, robandoles [de tanto en tanto] algunas migajas de su suculento manjar.