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Quo Vadis, Euro?

Damián era uno de esos cínicos pesimistas que, a pesar de serlo, caía bien a todo el mundo. Se pasaba la mano por la testa calva y arremetía contra todo y contra todos con crudeza. A sus muchos años era un descreído de todo. Lo recuerdo hoy porque una de sus frases preferidas era: “esto de Europa es una broma“, que a mí me quedó como una coletilla. Y cuando se refería a los denominados euro-escépticos británicos, soltaba aquello de: “odio a esos tipos, pero lo que más me j… es que tienen razón”.

Damián opinaba que el estado natural del hombre es el inmovilismo: “nadie se mueve si no le obligan; yo me hubiese quedado hoy en la cama”, y que los proyectos “acostumbran a avanzar contra todos, especialmente contra los que los propusieron“. Damián era una especie de Dilbert mesetario de carne y hueso.

Lo cierto es que Europa hoy está en una encrucijada crítica. Este fin de semana leía [reconozco que no sin cierta desazón], por un lado las declaraciones de la ministra alemana de Trabajo, la cristianodemócrata Úrsula von der Leyen, que consideraba que la crisis de la zona euro solo puede superarse “desarrollando la unión política del continente con la creación de unos Estados Unidos de Europa“.

Pero, por otro lado, acababa también de leer un extracto del artículo de John Gray, publicado este fin de semana en el sitio de la BBC y titulado “Europa, todo un disparate“. Gray es filósofo y politólogo, actualmente ostenta la cátedra de Pensamiento Europeo en la London School of Economics. Autor prolífico, siempre ha destacado por su vocación polemista y por su defensa radical [en ocasiones MUY radical] de entender las posiciones del liberalismo.

Algunos pasajes de su artículo son realmente impactantes; como aquel en el que Gray afirma que un disparate no es un error, ni siquiera un error de tipo extremo. “Equivocarse implica la posibilidad de aprender de los errores, mientras que la insensatez lleva a seguir políticas a sabiendas de que son perjudiciales”. O cuando apunta estar seguro que “una vez Grecia se salga de la trampa, otros países le seguirán. Mejor un período finito de reajuste agonizante bajo una gobierno propio que una falta de esperanza sin fin bajo un gobierno controlado por una burocracia europea distante. Pasar a un gobierno europeo único no es sólo difícil, como aceptan los que abogan por el proyecto. Es imposible“.

Vale la pena leerlo entero. Gray tiene toda la pinta de ser un tory euroescéptico de tomo y lomo, pero como diría mi buen Damián, lo que más me j… es que pueda tener razón.

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